Guerrero de Acero

Archivos

Ultimo Comentario

me parece terrorifico como poco

05/07/2008 @ 13:39:11
por Anuk


Espeluznante.

05/07/2008 @ 00:18:00
por Carmenchu


contemplaba la vida desde la muerte. Que ...

02/07/2008 @ 21:06:17
por loorena


Hola Rain me encanta tu genero en ...

02/07/2008 @ 12:26:19
por laura


Tus relatos por norma general son ...

02/07/2008 @ 10:22:24
por Vaiven


¿Quién está en línea?

Miembro: 0
Visitante: 1

rss Sindicación

En nombre de la SUPERSTICION
El niño descansaba atado a la cama por fuertes cadenas que impedían su huída. Parecía dormir tranquilo, apenas minutos antes había vuelto a darle uno de aquellos siniestros ataques.
Una vez más, ante la asustada mirada de sus padres, el infante había rugido como un demonio.

Su garganta emitió aullidos estremecedores e insultos dirigidos a sus familiares, a los que amenazaba con matarlos durante la noche. Decía ser Satanás y reía con la mirada perdida en la nada.
Pero ahora estaba tranquilo, sedado. Los médicos no habían podido dar ninguna explicación al mal que lo aquejaba y recomendaban su internamiento en un centro psiquiátrico para una exhaustiva observación. Los padres se habían negado.

Lo mantenían encadenado para evitar  sufrir agresiones violentas, como así había ocurrido en anteriores ocasiones y lo contemplaban desde el umbral de la puerta, mientras el niño reía a carcajadas     y recitaba palabras en un idioma extraño. A veces intentaba librarse de las cadenas, sufría fuertes convulsiones que no hacían más que provocar heridas en sus muñecas y tobillos, pero el amor que sentían aquellos padres por su hijo era  tan intenso, que justificaba la terrible decisión.

Aunque los médicos no lo decían abiertamente, probablemente por temor a salirse de las pautas científicas en las que se habían formado, sabían perfectamente lo que a la pobre criatura le pasaba: Estaba poseído por el demonio. Así se lo había dicho una vidente a la madre del muchacho. No había otra explicación, no podía haberla.

Pasaron varios días y el muchacho no mejoró. Su aspecto demacrado era cada vez más repelente. Sus ojos habían perdido la vida y estaban completamente blancos. Su boca, siempre abierta, mostraba unos labios morados, hinchados y el joven había adelgazado mucho. Daba angustia observar como el alma de aquel niño estaba siendo devorada por la crueldad del demonio.

Siguiendo los consejos de la vidente, localizaron a un curandero que solía luchar contra el mal practicando exorcismos por apenas 600 euros.  Todo el dinero era poco si con ello se conseguía vencer al Diablo.

Allí se encontraban, en la fría habitación del muchacho que al ver al curandero comenzó a jactarse de él.
Todo sucedió con demasiada rapidez, ante la atenta mirada de los familiares. El curandero comenzó a rociar el cuerpo del niño con un líquido de fuerte olor mientras éste gritaba y blasfemaba presa de un fingido dolor. Los padres rezaban junto a la vidente, que se había unido al espectáculo mientras encendía varias velas que fue dejando alrededor de la cama donde se encontraba el poseso. El curandero tropezó con una de aquellas velas que cayó al suelo y rodó, prendiendo las sábanas que comenzaron a arder  rápidamente. El fuego cubrió por completo la cama y el cuerpo del niño fue atacado brutalmente por las llamas. Sus gritos no impidieron que sus padres continuaran en sus rezos y el niño, ahogado en su propio terror, contemplaba la vida desde la muerte.

El niño murió, una vez más se había podido vencer al mal con la voluntad de Dios. La posesión había finalizado. El diablo cobró sus 600 euros y se marchó dejando en la casa  a unos padres desconsolados que seguían rezando por el alma de su propio hijo, ejecutado en  nombre de la superstición.
 
02 Jul 2008
Rain · 55 vistas · 8 comentarios
Categorías: Mentes Enfermas
Golpes en el ataúd
Escuché los golpes en la tapa del ataúd pero no quise prestar atención. Miré hacia el cielo y concentré mi mirada en la luna llena, que como mudo testigo observaba la escena ligeramente aterrorizada.
Tomé aire y proseguí. 

Escuché el grito desgarrador  que profería la garganta del desdichado, en un acto desesperado por suplicar ayuda. Me estremecí, pero continué echando tierra sobre el féretro con la esperanza de ahogar aquél inesperado percance. Mientras lo hacía, noté que el ataúd se movía por lo que deduje que la persona que estaba en su interior intentaba escapar de la prisión en la que se encontraba. Escuche sus súplicas, aprecié los golpes que daba con sus puños y rodillas sobre la madera de roble. No podía escapar.
 

Durante algunos minutos me sentí confuso y miré a mi alrededor, pero sólo la oscuridad de aquél tétrico cementerio fue mi respuesta. La luna se había ocultado tras unas negras nubes, en una actitud cobarde y ruin, y las sombras se habían adueñado del camposanto, acariciando las viejas tumbas que mostraban ahora una imagen fantasmagórica.
 

Encendí un cigarrillo y procuré distraerme para evitar escuchar los quejidos agudos que provenían del interior de aquél ataúd que seguía agitándose cada vez con menor intensidad. Aquella persona se estaba dando por vencida, parecía haber comprendido que nada de lo que hiciera podría liberarla.



Volví a escuchar sus gritos y finalmente tiré el cigarro al suelo para reanudar mi trabajo. Seguí echando tierra sobre el ataúd hasta que pude enterrarlo por completo. Ya no se oía nada, absolutamente nada.Me disponía a marcharme cuando divisé entre las tumbas una figura delgada que se aproximaba. Lo saludé. 

-Pudiste haberlo salvado.-objetó con un tono de voz grave.
-Ése no es mi trabajo.-respondí tajantemente.
-Sabías que estaba vivo. 

Eludí mirar directamente a los profundos ojos del visitante pero no dudé en mostrar mis pensamientos.

 -Eres tú quien decide cuándo han de morir las personas, yo solamente recibo la orden de llevármelos y eso es precisamente lo que he hecho. 

No le dije nada más. Me alejé con lentitud, perdiéndome entre los viejos cipreses, pero tuve la osadía de mirar hacia atrás para observar una vez más como Dios clavaba sus rodillas en el suelo al comprender que una vez más… se había equivocado.
Escuché su lloro y me permití el capricho de sonreír cínicamente mientras regresaba satisfecho a la negrura de  mi vetusta morada.
23 Jun 2008
Rain · 66 vistas · 6 comentarios
Categorías: Extraños
Las Primeras Palabras de DANIEL RIBAS


Mi nombre es Daniel Ribas y tengo alrededor de los cuarenta años. Siempre he sido una persona normal o al menos yo me he considerado así. He vivido sin suerte, buscándome la vida usando el morro que tengo y viviendo prácticamente al día. Tengo mis defectos y mis virtudes, me considero muy atractivo y las mujeres me vuelven loco. Me gusta comer bien. Me gusta beber, de hecho admito que bebo mucho.  Pero mi vida ha cambiado por completo, de forma radical.


He visto cosas imposibles. He estado en lugares donde nunca debí haber estado. Conozco secretos.

Sí, mi vida ha cambiado totalmente y se ha convertido en una angustiosa pesadilla de la que a duras penas he podido escapar. Me he dado cuenta de que soy un cobarde y que como persona valgo francamente poco, pero eso a ti no te importa y a mí, la verdad, hace tiempo que dejó de preocuparme.

No puedo contarte qué me ha pasado, creo que no podrías creerme, pero solo te diré que las cosas no son como parecen y, a medida que se me permita, voy a contarte mis experiencias con el mundo invisible, con el terror. Existen cosas imposibles  y puedo dar fe de ello. Te lo dice una persona que ha logrado salvar el pellejo de ese mundo sombrío y siniestro que te enreda y engatusa de una forma tan infantil que cuando te das cuenta de que ya formas parte del juego, resulta complicado salir airoso de la trampa. Y yo lo hice. Logré eludir el juego macabro de las sombras pero ahora debo cargar con la culpa de vivir con ello.

Mi carácter se ha agriado y si antes era un hombre solitario, ahora lo soy más. No me fío de nadie, ni siquiera de mi sombra, que a veces se arrastra burlándose de mí. Ya no soy el mismo pero, por suerte, mantengo mi sentido del humor y es que creo que lo uso como una defensa para protegerme del horror. Quiero olvidar, pero no sé cómo hacerlo.

Ojalá pudiera contarte qué me ha ocurrido y por qué actué como lo hice, pero no creo que en estos momentos sea prudente. Confesarte que me engañaron, que me vi involucrado en un juego macabro donde la muerte y la oscuridad, perversa sin duda, hicieron de las suyas y liaron mi vida, mezclándola con la de una familia destinada a morir. Y murieron. Y yo debí haber muerto. Pero estoy aquí. ¡¡Vivito y coleando!! Desgraciadamente debo vivir con ello. Los recuerdos me atormentan y las noches se convierten en momentos terribles donde veo los rostros de todos aquellos que corrieron la suerte de verse anulados por su deseo de tratar con la oscuridad.


Fue un pacto terrible donde todo estaba perfectamente orquestado, donde cada detalle estaba previamente establecido. Estoy convencido que las cosas acabaron como tenían que hacerlo  y nada que pudiera haber hecho entonces habría modificado el desenlace final.

Me engañaron. Me manipularon. Me han utilizado y trato de encontrar el lado positivo de las cosas. Le sonrío a la vida y me burlo de ella. Me burlo de mí mismo. Me burlo de ti.

Desde aquellos días me he dedicado a tratar con el lado oscuro y admito que me lo he pasado bomba porque ya todo me da igual. Lo siento por Laura, espero que sepa perdonarme. Lo siento por Elisabeth, no supe estar a la altura. Lo siento por todos ellos.

Intento convencerme de que fui un juguete al que desde las sombras supieron manipular y tengo la convicción de que incluso me dejaron escapar sin que entienda la razón principal. Tratar con la oscuridad me ha cambiado totalmente y hoy por hoy arriesgo mi vida con la esperanza de que vengan a por mí, de que me arrastren al mundo oscuro; no lucharé. Pero nadie ni nada me lleva al horror y de momento sigo con mi vida, una vida insólita donde sufro una realidad que nadie podría aceptar jamás.

Por ese motivo, mientras espero pacientemente la llegada de la oscuridad, desde aquí (y de vez en cuando) trataré de contarte la parte oculta de mi vida, los sucesos que me acompañan y los peligros a los que me he enfrentado. Quizá sea un error, tal vez algún día confiese todo lo que ocurrió hace dos años, pero esas cosas no dependen de mí sino de aquellos que puedan confiar en mi trabajo. Tal vez en alguna ocasión, en forma de libro, como una novela…

Espero que te diviertas con mis relatos, que te sumerjas en un mundo angustioso donde lo imposible se hace realidad; pero tómatelo todo como ficción, opta por pensar incluso que yo no existo en realidad, que todo es un invento, un cuento, que soy un vulgar personaje de ficción, quizá de esa forma puedas escapar de las garras de la muerte, tal vez de esa forma a ti no te propongan pactar con las sombras, posiblemente es la única manera en la que puedas evitar tratar con la oscuridad e indudablemente estar condenado a vivir eternamente, soportando la pena del recuerdo y la agonía de sentirte utilizado y engañado, al margen de descubrir que, como yo,  eres un mísero cobarde.

Yo quiero morir y no puedo hacerlo. A veces pienso que  ya estoy muerto, pero eso resulta imposible. Me noto vivo y eso me amarga la existencia.

Nos vemos pronto, mientras tanto recibe un fuerte abrazo de Daniel Ribas.

10 Jun 2008
Rain · 151 vistas · 12 comentarios
Categorías: Las Aventuras de Daniel Ribas

1, 2, 3, 4, 5  Página siguiente